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ZURBARÁN
y el galeón de Portobelo
"Ese es un viva-la-virgen" decimos todavía hoy para señalar al golfo, si es caradura y relajado. Y eso viene
porque, en los tiempos de la Armada de la Mar Océana, el último en cuadrarse cuando se llamaba a la tripulación a formar
en cubierta, tenía que dar un fuerte grito a la patrona "¡Viva la Virgen del Carmen!" para significar que estaban
ya todos. Naturalmente, el grito, siempre procedía del grumete o marinero más despistado o fresco, y de ahí le venía el
apodo de ser el "vivalavirgen" del barco.
El pleito lo puso el pintor en 1640 en la Casa de Contratación de Sevilla; ha sido investigado por Palomero Páramo, y lo cuenta Benito Navarrete Prieto en el prólogo de la exposición itinerante sobre Zurbarán y su Obrador, que estará en Nueva York del 16 de noviembre al 9 de enero. Pero la anécdota podemos recrearla nosotros con imaginación a partir de algunos testimonios literales del caso. Así, uno de los ayudantes de Zurbarán, Diego Muñoz Naranjo, declara que "asimismo a oido desir a este testigo que yva con el dicho don Diego de Mirafuentes que en una fiesta que hicieron por la mar colgó en el galeón muchas de las dichas pinturas y de esa causa le pudo suceder el maltratarse" Zurbarán participó desde su Obrador o taller de pintura (una especie de equipo de producción masiva) instalado en "quarto anexo a los Reales Alcaçares de Sevilla" en el proceso de producción de arte para cubrir la demanda de los conventos, palacios y casas nobles del Nuevo Mundo. Solo en veinte años se alcanzó la cifra impresionante de 1.309 obras documentadas, según recoge Kinkead. En este embarque de 1636 las pinturas debían llegar a la feria de Portobelo en Panamá y desde aquí a la Ciudad de los Reyes en la Lima del Perú. Los lienzos se enviaban consignados en rollos, encajonados y forrados con arpilleras, con una memoria que describía el contenido de las cajas y el precio en Sevilla. Al regreso del galeón, el artista cobraba los beneficios descontada la ganancia del intermediario que podía ser el propio capitán del galeón, lo que no ocurrió, como él esperaba, en 1638.
"Y que si los uviera querido bender es esta ciudad –añade un tercero- se los pagaban aventajadamente por ser mui buenos y que la causa de darselos al dcho D. Diego de Mirafuentes fue porque le dijo que en las Yndias le haria dar tresdoblado el dinero que aquí le davan por ellos.
Así, cuando Zurbarán dice respecto a un envio que en la carga iban "doze lienços de pintura de doze sesares rromanos a caballo de tres baras menos cuarta de alto que yo le entregué en esta ciudad de Sevilla para que los llebase a yndias" , se está refiriendo a este tipo de copias al óleo de 2,30 x 1,83 m, de los grabados de Tempesta que ilustraban la edición de la "Vida de los doce césares" de Suetonio con las que el poseedor se ennoblecía con lo mejor del imperio romano, con las grandes figuras de la Biblia, con los "onbres ynsignes" y muy particularmente con la saga completa de los "siete principes del cielo" los tres arcángeles canónicos que aparecen en la Biblia Miguel, Rafael y Gabriel, y los cuatro apócrifos Uriel, Seatiel, Jheudiel y Baraquiel. Los indígenas se identificaron de inmediato con estas criaturas fantásticas y las incorporaron a su folklore (con ellos nacería también la escuela de pintura cuzqueña),
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Zurbarán en la red: sobre césares, angeles, arcangeles y el pleito de Portobello www.union-web.com/zurbaran
