SPERLONGA y ULISES:
"Mi nombre es nadie"


          Mientras los responsables del planeta van dando saltos de canguro entre Seatle y Davos sobre las nuevas formas de economía del "mundo mundial" y la bolsa saca corretajes de infarto a propósito de internet, un fenómeno extraordinario se está produciendo en forma silenciosa, según avisan Edgar Morin y José Vidal-Beneyto: "la Red va a mediterraneizar el pensamiento a escala mundial" .

          El Mediterráneo se está revelando como un vigorosísimo exportador de nuevos valores para la sociedad post-industrial. Si antes fue el espíritu olímpico rescatado de su raíz griega por el Barón de Cubertin el que iba a mundializar una nueva manera de comprender el ocio, el deporte y su espectáculo, ahora son los mitos de siempre, los que resucitan con su eterno-retorno un reeditado humanismo que combina la curiosidad, el amor a la complejidad y el sentido de la paradoja, tres ingredientes del espítiru tan mediterráneos como la pizza y el olivo y la berengena.

          Munich, por ejemplo, fue escenario de largas colas en la Haus der Kunst para ver la exposición itinerante de la Cueva de Tiberio en Sperlonga. Ulises resucitado en todo su esplendor. Como los bronces de Riace (tan hermosamente estudiados por Miguel Angel Elvira Barca en el pasado número de Descubrir el Arte) el mito de Odiseo, el héroe más humano inmortalizados por Homero, se abre paso de nuevo con irresistible atractivo, para hombres de todas las razas y latitudes.
          El fantástico descubrimiento realizado en 1957 en la Cueva de Speralonga, en el golfo de Napoles ha viajado por Europa y, aunque en Munich ya ha cerrado sus puertas, puede visitarse a través de la Red. Si lo desea puede hacerlo directamente en www.ips.it/turismo/spe_ved.html y en www.fabernet.it/grottadeidelfini. Nosotros le ofrecemos aquí la versión en castellano.

          Grecia, cautiva de los romanos, cautivó a sus conquistadores. Así Tiberio, que sucedió en Roma a su suegro Augusto en el año 14 de nuestra era, se retiró prácticamente de las obligaciones de la gran urbe, para vivir en la que había sido cuna de la Magna Grecia, frente a la "NeaPolis" o Nápoles. Sobre la isla de Capri construyó siete magníficos palacios dedicados a otros tantos dioses, de los cuales el mayor, llamado Villa Júpiter (por el Zeus de los griegos) todavía conserva algunos vestigios de su pasado esplendor. Allí Tiebrio pasó la última etapa de su vida –murió asesinado el 16 de marzo del año 37 de nuestra era- y desde allí, contemplando una de las bahías mas bellas del planeta, concibió su idea. Ante la cueva de Sperlonga edifició una villa y, aprovechando sus cavidades, hizo esculpir los maravillosos grupos en mármol que reproducen la aventura de Ulises y sus amigos en la cueva del cíclope Polifemo. Con la del caballo de madera, una de las páginas más gloriosas del ingenio humano.

          ¿Cuántas veces no habría leído Tiberio la escena hasta fraguar el capricho de reconstruirla en marmol?

          Las excavaciones sistemáticas llevadas a cabo en 1957 sobre lo que se creía era solo una villa romana del litoral, afloraron tal cantidad de fragmentos de mármol que se tuvo pronta conciencia de hallarse ante un conjunto extraordinario. El hallazgo de una tavoletta con los nombres de los escultores Agesandro, Atenadoro y Polidoro (autor del grupo "Laocoonte y sus hijos") fijó las expectativas al máximo nivel y en 1963 tras la extracción del fondo marino de una buena cantidad de colosales fragmentos, quedó resuelto el puzzle, con las escenas de homenaje al ingenioso Ulises.

          "Levantaron el palo e hincaron la punta en el ojo,

"y yo, echándome encima, empecé, por arriba, a girarlo;

"igual que una barrena perfora la tabla de un buque.

"Así como el herrero una azuela o un hacha,

"en el agua muy fría sumerge y chirría con ruido,

"para darle el buen temple que es toda la fuerza del hierro,

"así el ojo chirriaba rodeando la estaca de olivo.

"Él aulló horriblemente, y la peña, a su voz retumbaba,

"y asustados, huímos, y entonces quitose la estaca,

"toda sucia de sangre, del ojo, y con furia tremenda

"la agarró con las manos, y la despidió a gran distancia.

"Al oír sus clamores, de todos lugares llegaron los cíclopes

"y paráronse en torno a la gruta, inquiriendo la causa:

"- "Nadie" amigos, me mata engañándome y no por su fuerza.



El astuto, (polutropon Odysseus, el "politramposo Odiseo") se la ha jugado al malvado gigante. Si en el asedio de Ilión (la Troya ilíada) recurrió a un artificio de madera (el caballo de Troya por el que aún decimos el refrán "nunca te fíes de los griegos, y menos, si traen regalos") ahora, ni siquera precisa la madera. Solo con palabras construye el engaño.

En el cruce de desconfianzas Ulises ha pedido a su huesped (hoy decimos anfitrion) que le asegure hospitalidad y Polifemo, a su vez, le exige que diga cuál es su nombre (carnet de identidad en los tiempos antiguos). Ulises, que ha visto al gigante comerse por parejas a sus compañeros descabezandolos a capricho y esparciendo sus sesos en la cueva ("los cogió cual si fueran cachorros, les dio contra el suelo y corrieron vertidos los sesos mojando la tierra") urde el engaño. Mi nombre es Outys ("nadie") dice Ulises, en lugar de pronunciar Oudyss (Odiseo). Y con el truco desorientará la ayuda que pudieran prestar los demás gigantes.

          "Pue si nadie te fuerza y habitas tu solo la gruta, "evitar no se pueden los males que Zeus nos envía.

"Esto dicho, marcháronse y yo me reia en mi ánimo "viendo cómo engañóles mi nombre y mi ardit excelente.

          Después de consumado el segundo truco (atar a sus hombres a la panza de los carneros para que el propio Polifemo fusioso y ya ciego abriera la cueva), desde la popa de su barco grita (como haría todavía hoy cualquier arrogante marinero napolitano, maltés o tunecino)

          "Si los hombres mortales, ¡oh Cíclope!, a ti te preguntan

"por causa de la vergonzosa ceguera que sufres,

"diles que fue Odiseo quien lo hizo, el que a Troya asoló, sí,

"el hijo de Laertes; el que en Ítaca tiene su casa.

          Es imposible que ante tan humana exaltación de coraje e ingenio, (como sin duda le sucedió al mismísimo emperador Tiberio), cualquier cibernauta no se sienta motivado, y al cerrar su ordenador tras los últimos versos del capítulo IX de la Odisea:

          "Al mostrarse en el día la Aurora de dedos de rosa,

"exhorté a mis amigos, y luego ordené que al momento

"a la nave volvieran y aprisa amarras soltaran.



crea que forma parte, en una de las bancadas, de la tripulación de Ulises.









José Manuel Gironés
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