La aparición de un confeso maltratador en un programa televisivo ha desatado toda suerte de criticas. ¿Quién se extraña de tal conducta televisiva?
Porque el citado programa –Sálvame y otros similares-, que atufa a malos olores, no desdeña ninguna cosa que incremente su audiencia: infidelidades, “cuernos”, malos tratos a las mujeres, pornografía, etc. Es decir, todo aquello que huela a podrido, todo aquello que pertenezca a lo más indigno de la persona, todo aquello que implique ausencia de valores humanos tiene cabida en sus programas, en los comentarios de los chisgarabís que son sus “comunicadores”, en la alcahuetería a toda hora de quienes participan en sus emisiones.
Parece como si les gustaran los olores escatológicos, es decir, la basura, la porquería, los detritus. ¡Y tienen audiencia! ¿Por qué? Me recuerda aquel chiste de mis tiempos de bachillerato: en clase de química, el profesor reprocha a un alumno que se entretiene oliendo una redoma maloliente; ¿qué hace usted?, a mi me gusta respondió el alumno. Pues eso, a muchas personas de la sociedad les gusta el mal olor de esos programas, bien porque se han convertido en adictos, bien porque están tan anestesiados que tragan lo que les echen. Porque una sociedad sana, o que intentara serlo, no permitiría tal podredumbre.
Y la violencia de género es podredumbre. Y esos programas .y otros similares. banalizan la violencia contra las mujeres en las relaciones de pareja porque “creen que eso vende”, Yo cuento que Fulanita ha sido maltratada; viene en otro programa Fulanito y dice que nunca ha maltratado; y viene… ¡todos cobran por intervenir, y los “comunicadores de pacotilla” también!
¿A que espera la autoridad competente para intervenir con energía? No seamos ingenuos, las autoridades “competentes” están muy atareadas en ofrecer crispación contra todo aquello que no sea del agrado del gobierno de turno, en ofrecer sus pretendidos “éxitos”, en demoler la sociedad para conformarla a su gusto, por cierto, pésimo gusto.
Yo no compro perfume para ocultar el mal olor, ¡no veo esos programas!
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