EDITORIAL
 




 Editorial



El pasivo sufridor

 

 

Nunca, como ahora, se ha criticado tanto a los fumadores por afectar con el humo a las personas que hay a su alrededor. Dicen que con su actitud pueden fomentar los problemas pulmonares, de forma desmesurada, en los individuos pasivos que están cerca de ellos. Apoyados en la actualidad por una ley, aprobada por el gobierno, casi se considera al fumador como la mayor maldición que existe para el propio ser humano. Algunos lo consideran casi un apestoso. Incluso los amigos de los fumadores que soportan de forma pasiva, tanto física como psicológica, a las personas que disfrutan o utilizan este perjudicial vicio para tolerar los avatares de la vida, les recriminan apoyándose en el reglamento antifumador. Sin embargo, estoy convencido de que casi nunca el fumador pasivo ha creído que hacia falta una ley para que dejase de fumar. Siempre ha tenido la suficiente madurez y razonamiento para saber distinguir donde se debe y donde no se debe fumar. Pero constantemente hay personas que tratan de pensar por otras.

No hay que olvidar que si, para un placer como el fumar, se ha llevado a cabo una legislación que lo prohíbe, habrá que ir pensando en legislar otra ley para que los televidentes pasivos que, dentro de su casas, son avasallados por los medios de comunicación a través de la pequeña pantalla. Muchas veces de forma abusadora, dominante y desmedida, con toda clase de prejuicios y opiniones sin sentido, que afectan de forma directa a las personas pasivas, que los escuchan y los ven. Pero, pensando en los pasivos, no nos olvidemos de efectuar otra ley para defender a los ciudadanos de los políticos. Una clase tan vasta y prolífica que politiza todo lo que toca. Sin pudor, ni recato, vierten opiniones tan contradictorias que la sociedad pasiva, llena de impuestos, paro y cada vez más empobrecida, sigue soportando estoicamente. Esperemos que no se vea abocada como Diógenes, en la antigua Grecia, a vivir en tinajas, en lugar de casas. Confiemos en que, como el filósofo griego, no tengamos los pasivos sufridores que caminar por las calles con candiles diciendo que vamos buscando políticos honestos.