He tenido curiosidad por conocer algunos escritos del nuevo obispo de San Sebastián y me he encontrado con una carta pastoral dirigida a los jóvenes bajo el titulo de “Manda el porro a la porra”. Comparto gran parte de sus argumento.
Bajo el nombre genérico de “porro” se refiere Mons. Munilla al porro, las rayas, el alcohol, las pastillas, etc. Tras señalar las penosas estadísticas sobre el consumo de “porros” por parte de los jóvenes y remarcar la consecuencias físicas y psicológicas, Mons. Munilla afirma: No estamos ante la droga de la curiosidad; pudo ser hae años, pero hoy en día existe suficiente información al respecto; su consumo pudo ser hace tiempo signo de rebeldía, pero “hoy en día fumarse un porro, lejos de ser un signo de rebeldía, es signo de integración y sumisión a la cultura dominante”. Y señala: “La droga de nuestros días se impone por defecto, quiero decir, por falta de ideales firmes y trascendentes...es la “droga del sin sentido”. Ese es el problema: se consume “el porro” porque lo hace mucha gente, porque…no se sabe porque, ni siquiera se da un sentido o finalidad al “porro”. ¿Existe tanta vaciedad?
Y termina, antes de los consejos, su escrito haciendo referencia a la relación ocio-diversión: “Una de las características principales de la droga en nuestros días es su estrecha relación con la cultura del ocio. El consumo de determinadas drogas… La felicidad no es fruto únicamente de la diversión. En realidad, si no eres feliz el miércoles, tampoco lo vas a ser el sábado por la noche. El motivo es muy sencillo: no es lo mismo “ser alegres” que “ponerse alegres”. La felicidad no está al alcance de una moneda ni de una sustancia química”
Quizás debiera el obispo haber una mención explicita a una de las reflexiones en relación con el consumo de drogas por la juventud: ni afán de cultura, ni esfuerzo en el estudio, ni metas en la vida –ya llegar el momento-, y la diversión y “felicidad” a trabes de la química…¿Qué hemos enseñado a los jóvenes, que valores se han inculcado?
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