EDITORIAL
 




 Editorial



No todo vale

 

Ha finalizado la campaña electoral europea. Los resultados serán buenos para unos y malos para otros, aunque lo verdaderamente preocupante ha sido la serie de noticias, casualmente en plena campaña, que han aparecido en los medios de comunicación. El despliegue de acusaciones y despropósitos han alcanzado tal envergadura y virulencia que cada día esperábamos un nuevo capítulo del secreto sumarial o bien otra noticia que hacía desviar la atención de los electores sobre los candidatos y sus respectivas asociaciones políticas. ¿Dónde quedaron las propuestas europeas?

Durante los días de la campaña los nervios aumentaron por las encuestas, mientras la crisis y el paro se olvidaban con tal desparpajo, que algunos de los candidatos aumentaron su ingenio e imaginación para convencer al votante con propuestas y acusaciones que no tenían nada que ver con las elecciones comunitarias.

Después de todo lo que ha llovido y tras reflexionar, sobre los lodos de la discordia, no esta bien culpar a alguien de lo sucedido pero todo lo ocurrido no ha sido un buen ejemplo para las anteriores y las nuevas generaciones. Hay que reconocer que no todo vale y que la sociedad, que soporta tantas políticas torticeras, no se merece un espectáculo tan lamentable. He leído una frase, de autor anónimo, que dice que la principal manera de influir sobre los demás es dando ejemplo de como se deben hacer las cosas. Esta gesta, que siempre ha sido un principio básico para predicar, en la mayoría de los casos; la honradez, la ética o los principios morales, ha servido, en este caso, para dar a conocer que este procedimiento no es el mejor ejemplo a seguir.

Es lamentable detectar que seguimos estando en el país donde los errores y desaciertos no existen, entre cierta clase dirigente, así como que la humildad para determinados señores no es una virtud sino una humillación. Bajo estos principios, tras los resultados electorales, ahora resulta que nadie ha perdido y todos han ganado. Alguien tendrá que aceptar, que al menos, lo que se ha impuesto en estos comicios europeos ha sido la abstención con un 56 % de votantes. Sin embargo, muchos han preferido reconocer la participación del 44 % con el objetivo de conseguir eurodiputados pero también ha servido para volver a refrendar que no todo vale.