Valencia / Union-Web
La boca más famosa del cine es la de
Vacaciones en Roma, aquella boca de la verdad
en la que Gregory Peck metía su mano y
sacaba sólo la manga de su chaqueta para
espanto de una aterrorizada Audrey Hepburn que
creyó que la boca le había comido
la mano por mentiroso. Si Alex Rovira, el autor
de este libro, metiera su mano en aquella boca
no la perdería porque todo lo que cuenta
es verdad. Es más, el ha hecho que la
boca mágica hable, y este libro se convertirá en
la conversación que a todos nos gustaría
tener con nuestro mejor amigo. Es eso, una conversación
de amigo.
Hay muchos libros que
pretenden decirnos lo que debemos hacer, lo
que debemos decir, lo que debemos corregir
en nuestras vidas. Son los mensajes de aquellos
que dicen: “a éste le
voy a decir dos cosas”. No, este libro
no es así. No tiene reconvenciones, ni
reproches, ni advertencias, ni amenazas. No nos
previene del desastre, ni promete convertirnos
en seres diferentes si seguimos sus consejos.
De hecho no tiene consejos. Sólo habla
de la vida. La buena vida, porque sencillamente,
toda vida es buena.
Es el dialogo que nos
gustaría tener
si nosotros y nuestro interlocutor pudiéramos
ser sinceros y elocuentes. Es una boca mágica
que convierte en frases perfectas aquello que
pensamos atropellada y desordenadamente. Porque
todos guardamos un reducto de sabiduría,
de bondad, de fortaleza de la que echar mano
en los momentos difíciles, cuando la esperanza
flaquea. Por eso, este libro les dirá sólo
una cosa cada vez. Si lo leen y lo guardan a
su lado, encontrarán en él, cuando
lo necesiten, aquello que saben pero que parece
olvidado. Podría ponerles muchos ejemplos,
pero no quiero desvelar la tremenda sorpresa
que les producirá descubrir escrito con
sencillez y elocuencia aquello que siempre quisieron
decir.
Los libros de poemas
se leen una y otra vez porque con cada lectura
reencontramos los mismos sentimientos y emociones.
La felicidad no es un logro que deja de tener
interés una
vez descubierto. No es una flor que se marchita
por contemplarla. No es una sensación
que haya que dosificar. No es una droga que cada
vez nos exige más dosis. Es un paraíso
en el que nos podemos quedar a vivir. La vida
esta hecha para ser feliz. La vida que tenemos
es la buena vida. Ese es el mensaje. Y esto es
posible.
Alex Rovira nos lo dice
en cada página
de su libro. Es como el entrenador que repite
a sus jugadores una y otra vez lo que ya saben.
Y aunque parezca increíble, funciona.
A veces, la mayoría de las veces, necesitamos
que nos lo digan. Agradecemos que nos lo digan.
Probablemente lo sabíamos, pero que alegría
produce que el amigo te de un empujoncito en
el buen sentido. Puede que con este libro estemos
un poco menos solos. De sus ciento ochenta páginas
sólo necesitaremos una, sólo una… de
vez en cuando.