| Sus Señorías, los magistrado
que han juzgado a “Nanysex” –abusaba
sexualmente de menores, algunos de 2 años
de edad y colgaba los videos en la Red- es posible
que hayan aplicado la ley con toda suerte de disquisiciones
jurídicas, con una vara de medir estricta,
pero, dicho sea con el debido respeto, han hecho,
entre otras cosas, el mas absoluto de los ridículos.
Según consta en la sentencia, los magistrados
condenan al pederasta ominoso por abuso sexual
al considerar que no existió agresión
sexual ya que no se dio violencia, elemento necesario
para ese delito. Resultado, condenas inferiores.
Vamos a ver. Para que un
niño se sienta
violentado, no es preciso que se le den golpes
en la cabeza, se le retuerzan las manos o actos
semejantes. Un niño de dos años se
siente violentado con una voz, un gesto o una simple
presión en la cabeza, es decir, actos violentos.
Porque la violencia debe ser juzgada no solamente
por los actos de quien la ejerce, también
por las circunstancias del sujeto sobre el que
se ejerce.
Y al menor se obligo a
tocamientos, a realizar una felacion, a permitir,
valga la expresión,
que se le introdujera el pene en el ano. ¿Abuso
sexual o agresión sexual? Para los ínclitos
magistrados abuso sexual, pues no se dio violencia
para ser agresión sexual. Y firmaron la
sentencia plenamente satisfechos de la lección
de justicia que habían dado…
Pues, va ser que no. Va
a ser que sus señorías,
los magistrados firmantes de la sentencia, apenas
saben nada de la realidad de la vida, de lo que
es un menor, de lo que supone para el menor la
violencia del mayor. Y sus señorías,
los magistrados en cuestión, no han hecho
justicia, porque el aforismo clásico afirma
que Justicia es, entre otras cosas, dar a cada
uno lo suyo, y a Nanysex y a los otros ominosos
compañeros o compinches de fechorías,
no se le ha dado lo suyo, se les ha considerado
abusadores y no agresor.
Y van sus señorías, los magistrados
firmantes de la sentencia, y dicen que los actos
juzgados han creado alarma social. Por supuesto
que la han creado. Pero también la sentencia
ha creado alarma social. En fin, a veces, demasiadas
veces, la Justicia resulta increíble.
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