OPINIÓN
 





Opinión

 

Minutos de silencio y descerebrados

por Jose-Antonio Burriel


Que existen “descerebrados” en la sociedad, es evidente y notorio. Y que a esos “descerebrados” les gusta hacerse notar en ocasiones mas o menos solemnes, tambien es notorio. Y llamo “descerebrados” a esos individuos, vamos a calificarlos de ese modo, que apenas razonan, que se dejan llevar por instintos o sectarismos, que, como carecen de ideales y valores, pretenden con sus gritos y actitudes desafiantes y sinsentido llamar la atención y que se les tenga en cuenta.

Y los minutos de silencio son “buena” ocasión para la actuacion de los “descerebrados”: nadie habla y sus gritos llegan mas lejos, se nota mas su presencia. Precisamente por eso, por aprovechar minutos con los que los ciudadanos manifiestas su respeto y su dolor, son todavía mas “descerebrados” los que interrumpen, gritan, manifiestan su carencia de civismo o su pertenencia a tribus aun mas antiguas que Atapuerca, dicho sea con todo respeto para esos hombres primitivos pero con seguridad mas civilizados que los “descerebrados”.

El pretendido minuto de silencio de San Mames por el asesinato etarra de Mondragón se quedo en ocho segundos, pues los descerebrados no permitieron mas. Pero no debemos engañarnos. En Mames actuaron, como en oros campos de fútbol o en otros eventos donde se guardan unos minutos de silencio, los “descerebrados”, solamente que elevados a la enésima potencia por su calaña etarra –quien no siente dolor por una muerte o es etarra o es un enfermoi mental grave o…-

Era “descerebrados” los aficionados., por llamarles de algún modo, que dejaron el minuto de silencio en ocho segundos. Y eran “descerebrados” los muchos vecinos de Mondragón que se encerraron en sus casa y no supieron testimoniar el dolor por la muerte de un vecino -¿acaso es que estaban de acuerdo con su asesinato?- Se me olvidaba, los “descerebrados”, mas digno de estar en un zoo que en las calles de una ciudad, son además cobardes, muy cobardes.