OPINIÓN
 





Opinión

Sociedad y víctimas de violencia doméstica

por Jose-Antonio Burriel


El Servicio de Inspección del Consejo General del Poder Judicial ha dado a conocer su “Informe sobre muertes violentas en el ámbito de la Violencia Doméstica y de Género en el año 2005”. Y en ese informe, como en el del año 2004, hay un dato que me llama poderosamente la atención y que me preocupa.

Dice el Informe en la conclusión 3: “Los órganos judiciales no tienen constancia de la situación de malos tratos previa en el 80,2 por ciento de las muertes por violencia doméstica investigadas en el año 2005.” Es decir, que de las 67 mujeres muertas victimas de violencia domestica en el año 2005 los órganos judiciales -denuncias previas, procedimientos, atestados, etc.- no sabían nada de 53. Y como nada sabían, con ninguna medida les pudieron proteger. Esta es una de las posibles reflexiones de la conclusión citada; reflexión que no trata de desviar la atención sobre la actividad de los órganos judiciales en la lucha contra la violencia doméstica, tienen gran importancia, pero ni es la única ni es la mas importante, al menos en mi opinión.

¿Nadie del entorno familiar y social de esas mujeres victimas de violencia doméstica sabia nada acerca de malos tratos, de actitudes violentas? Porque no se puede olvidar que, excepto en contadísimos casos, el homicidio es el último acto de una conducta violenta, de los malos tratos físicos y psíquicos.
Casi con seguridad ese entorno familiar y social sabia de la existencia de malos tratos, pero nada hicieron. Ni acudieron a denunciar, ni siquiera acudieron a los servicios sociales para dar noticia.

Se habla mucho de que existe mayor sensibilización de la sociedad respecto a la violencia domestica. Mas que hace unos años, desde luego, pero todavía insuficiente. ¿Respaldo social? No es suficiente con rechazar la violencia, es preciso manifestarlo en voz alta; es necesario que la mujer victima sepa que va a tener una mano amiga para salir de la mazmorra de la “esclavitud”; es preciso que la mujer sepa que la sociedad va a apoyar su actitud de romper con las cadenas. Y es urgente que ese respaldo social –la tan cacareada “tolerancia cero”, se manifieste también mediante la denuncia por parte del entorno, en la petición de ayuda a los servicios sociales por parte de la familia y de las amistades. El respaldo social puede evitar, que no les quepa la menor duda, muchas muertes cada año.