21
de octubre de 2005
Concierto de abono de la Orquesta de Valencia
Palau de la Música de Valencia
Obras de Llacer Pla y de Gustav Mahler
Orquesta de Valencia
Director titular: Yaron Traub
Algo me decía que esta vez sí. Y
así fue. Creo que por primera vez, con
permiso del gran García Navarro y su gran
versión de hace unos cinco años
de la sinfonía número uno “Titán”,
nuestra orquesta ha interpretado realmente a Mahler.
Al menos en lo que recuerda quien escribe. Dejándo
a un lado la particular versión del flamante
nuevo director de la orquesta que sin ser discutible
(los tempi, variados pero correctos) lo normal
es que de lugar a las inevitables comparaciones
o gustos personales, la recreación de la
obra fue magnífica.
Hacía mucho tiempo que
nuestros músicos lograban transmitir la
sensación, y más en una obra compleja
y ambiciosa como la mahleriana, de que no solo
tocaban sino que se expresaban y se escuchaban
unos a otros. Requisito este básico para
pasar de una correcta versión a una recreación
de la obra. Puedo recordar tan solo y en los últimos
años las interpretaciones memorables de
Bruckner con el tristemente desaparecido director
alemán Heinz Walberg y quizás algo
más. Y ello no significa que nuestra orquesta
no haya realizado buenos conciertos, que han sido
un buen puñado, sino que el viernes pasado,
y esperemos que no sea un hecho aislado, la formación
subió un importante escalón. Y la
gente lo notó.
La velada se abrió con
una obra, “Aguafuertes de una novela”,
que el maestro israelí ha querido incluir
en el concierto de su presentación como
titular. El estreno se llevó a cabo por
la orquesta de la ciudad en 1962, habiendo caído
en el saco del olvido. Es interesante y moderna
la partitura de Llacer Pla a pesar de manejar
un lenguaje en el que se aprecian muchas influencias.
La orquesta exhibió volumen y seguridad.
Una buena lectura.
El plato fuerte que era la Quinta
sinfonía de Gustav Mahler dejó claro
y desde el primero momento que la formación
se encuentra en un magnífico momento desde
el punto de vista técnico. Especial mención
merecen los metales: precisos, contundentes, a
los cuales Traub hizo levantarse en su totalidad
para recibir una merecida y cerrada ovación
del respetable.
El aspecto más discutible de la versión
del israelí radica en el tratamiento individualizado
que Traub dio a cada una de las cinco partes de
la obra. Quizás los movimientos extremos
fueron los más conseguidos. También
son los que presentan menores complicaciones.
Al segundo tuvo su debe en el equilibrio de las
familias. La cuerda pareció algo famélica.
Sigue siendo una asignatura pendiente la cuerda,
a la que le falta volumen y presencia, tan necesaria
en este movimiento. El carácter de agitato
se lo otorga Mahler a primeros y segundos violines.
Asimismo es de alabar el interés de Traub
para hacer sobresalir las voces más ocultas
de la sinfonía. Fue una lectura transparente.
Esta obra maestra del sinfonísmo
moderno que es la quinta, tiene dos solistas de
excepción: trompeta y trompa. Cumplieron
con creces. Un bello sonido y sobrada potencia
mostró el trompetista aun cuando tuvo algunos
errores soltando alguna que otra nota falsa y
la trompista solista, María Rubio, exhibió
gran aplomo y un fuelle que muchos quisieran si
bien le faltó algo de expresión.
Traub sin dudas promete y mucho.
Es un director de sobradas cualidades ténicas.
Desgarbado, no obstante luce una precisa mano
derecha y una expresiva y rica en recursos mano
izquierda. No es moroso en gestualidad sino todo
lo contrario y somete a los músicos a un
marcaje continuo. Gómez Martínez
deja la orquesta en un buen momento y Traub tiene
el reto de convertirla en una importante formación.