La mLos técnicos encargados
de la restauración de la cúpula
del presbiterio de la Catedral de Valencia han
encontrado frescos y pinturas del siglo XV encargadas
en 1474, por Rodrigo de Borja, Arzobispo de Valencia
y futuro papa Alejandro VI, a los pintores italianos
Pablo San Leocadio y Francesco Pagano. El president
de la Generalitat anunció este descubrimiento
y subrayó que estas pinturas “pueden
suponer una muestra del primer Renacimiento, con
aires de Botticelli, que entró en España
a través del antiguo Reino de Valencia”.
Según ha explicado el
President, estos frescos fueron un encargo de
Rodrigo de Borja a los pintores italianos durante
un viaje que cursó a España como
legado del Vaticano, para confirmar el matrimonio
de los Reyes Católicos. Tras visitar la
catedral de Valencia se enteró de que el
cabildo del templo catedralicio tenía la
intención de pintar al fresco la bóveda
del presbiterio y formalizó el encargo.
El Jefe del Ejecutivo valenciano
ha precisado que estas pinturas han permanecido
ocultas al público durante 350 años,
desde la decoración barroca acaecida a
finales del siglo XVII, y ha resaltado que las
mismas “pueden suponer uno de los principales
descubrimientos culturales de los últimos
años”.
No obstante, Camps ha matizado
que los técnicos ya tenían la intuición
de que se podían encontrar unas pinturas
de este periodo durante el proceso de restauración,
“pero no sabían el alcance de su
valor ni el estado de conservación de las
mismas”.
HISTORIA DE UN DESCUBRIMIENTO
Los trabajos de restauración
del ábside de la Catedral de Valencia,
que tenían como objetivo fundamental eliminar
la capa de pintura gris que cubría la ornamentación
barroca han sido los responsables de este descubrimiento.
Carmen Pérez y Javier Catalá, directores
del proyecto, habían previsto hacer catas
para comprobar si las pinturas renacentistas,
cuya existencia estaba documentada, aún
se conservaban.
Los ruidos motivados por las
palomas que se metían en un agujero existente
en la bóveda, y que asustaban a las restauradoras,
motivaron que Javier Catalá tratará
de comprobar de qué espacio disponían
estas aves. Al no apreciar nada por lo exiguo
del agujero y la oscuridad existente, introdujo
su cámara digital y realizó una
foto a ciegas.
Cuando comprobó el resultado,
descubrió que los frescos renacentistas
estaban perfectamente conservados. Los encargados
de "taparlos", por respeto a la magnitud
de la obra que debían "ocultar",
construyeron una falsa bóveda, apoyada
sobre los nervios de la antigua y los protegieron
con una cámara de aire de unos 80 centímetros.
ORÍGENES DE LOS FRESCOS
En 1469 se produjo un incendio
que quemó el retablo gótico y la
decoración de la Catedral y que motivó
que el Cabildo encargara la redecoración
del ábside. Ese trabajo fue asignado a
Nicolás Florentino, que se encontraba en
Salamanca y falleció poco después
de hacerse cargo de él. En 1472, el obispo
de Valencia y cardenal Rodrigo de Borja visitó
España para autentificar el matrimonio
de los Reyes Católicos y pasó por
Valencia para conocer la sede de su obispado.
En ese viaje le acompañaron sus propios
pintores, que recibieron el encargo de realizar
la decoración del ábside de la Catedral.
Los artistas eran Francisco
Pagano, natural de Nápoles, y Pablo de
San Leocadio, oriundo de Regio en Lombardía,
que comenzaron a pintar los frescos de la Catedral
en 1472 y los terminaron en 1481. Su trabajo es
una pintura renacentista, la primera de este tipo
que se ve en Valencia, que ha estado cubierta
durante más de trescientos años.
Concretamente desde 1674, fecha en que se determinó
la cobertura de las pinturas por estimarse que
estaban muy oscurecidas por el humo de las velas
que había en el templo.
En las capitulaciones en las
que se fijan las condiciones contractuales de
los pintores, fechadas el 28 de julio de 1472,
se indica que los italianos "se comprometen
y obligan a pintar al fresco a destajo el remate
de dicha capilla (...) y pintarán un trono
de serafines de oro fino, muy bonito; que en cada
uno de los entrepaños de los canecillos,
pintarán dos ángeles, o sea un ángel
en cada entrepaño, vestidos según
parezca a dicho honorable Cabildo, con sus alas
sembradas de oro fino y de bellos colores; que
las crucerías sean pintadas de follajes
con frutos (...); que enfrente y debajo de las
ventanas se pinte una historia, y en los otros
espacios sean pintados los apóstoles".
Los documentos de la época
también revelan que los autores cobraron
"tres mil ducados de oro de cámara
de peso (...) a pagar en tres tercias, a saber:
la primera tercia al principiarse la dicha obra,
la segunda al medio, y la tercera acabada que
sea dicha capilla, o sea la pintura de dicha capilla".
Pagano y San Leocadio disponían de seis
años para terminar completamente su trabajo
en Valencia.
Las mismas capitulaciones
desvelan que el Cabildo no quedó muy satisfecho
del trabajo y que se negó a abonar por
completo la cantidad estipulada, por lo que se
llevó la cuestión al Gobernador
del Reino, que era entonces el conde de Cocentaina,
que nombró un tribunal de pintores valencianos
para que dictaminasen si la pintura se ajustaba
a las condiciones del contrato. El tribunal, integrado
por el maestro Manuel Salvador, Juan Ponç,
Pedro Juan Ballester, maestro Jorge Alimbrón
y maestro Martín Sent Martí, manifestó
que la obra era conforme a las capitulaciones
hechas segons cascuua practica e usança
de Italia e del dit. Art de pintura al fresch
pero sí tenía mancament de oro según
el contrato y de colores en él indicados.