OPINIÓN
 




 Comunidad Valenciana


Violencia doméstica: No a los radicalismos

por Jose-Antonio Burriel

A la jueza-decana de Barcelona se la ha caído una buena encima ; ha abierto la boca para puntualizar algunos aspectos relacionados con la violencia domestica, y las asociaciones de mujeres han protestado, han puesto el grito en el cielo, han reclamado la intervención del Consejo General del Poder Judicial. ¿Qué ha dicho la jueza-decana de Barcelona ?

Ha dicho que tiene la percepción, que existe un cierto numero de denuncias falsas de malos tratos, y que ese número tiene que ver con el proceso de separación o divorcio planteados. Ha dicho, asimismo, que, en ocasiones, no se define correctamente la petición de medidas cautelares, que algunas de las que se piden no tienen que ver con lo penal sino con lo civil y que el letrado debe asesorar convenientemente a las mujeres. Ha dicho, por último, que algunos jueces se sienten presionados por el entorno, la opinión publica y social a la hora de enjuiciar y actuar.

¡La que se le ha caído encima ! Como la que va a caer encima mía -espero que muy poco por ser menos importante o “aparatoso” que la jueza-decana- cuando se lea que estoy bastante de acuerdo con ella ; más aún, cuando diga que me parece que algunas asociaciones de mujeres se están pasando “más de un pueblo” con lo que hacen daño a la lucha contra la violencia doméstica.

No creo que la jueza-decana haya dicho lo de las denuncias falsas al tuntun, o que con ello haya querido insinuar que el aumento de denuncias tiene relación con engaños de las mujeres. ¿Presión sobre los jueces ? Me duele el decirlo -dejo los motivos para otro articulo- pero algunos jueces sienten ciertos temblores cuando deciden sobre temas relacionados con los malos tratos, con la violencia domestica ; cómo lo que decidan no guste a las asociaciones de mujeres...¡apañados están !

Se ponen en marcha cursos para maltratadores -cursos diseñados para cubrir un espacio existente ante la posible exigencia de la asistencia a un programa formativo como condición para la suspensión de la condena prevista en el Codigo Penal-, y las asociaciones de mujeres ponen el grito más allá del cuarto cielo...Reconozco públicamente que las asociaciones de mujeres han sido las locomotoras del cambios social, también legislativo, en lo que respecta a la igualdad de la mujer y en la lucha contra la violencia de género ; más aún, sus acciones merecen el reconocimiento público de toda la sociedad. Sin embargo, no siempre tienen razón -nadie es infalible- y nadie puede arrogarse tener el único criterio para tratar el tema de la violencia doméstica, es decir, ni en este ni en ningún tema existe el “monopolio”. Y es peligroso para la sensibilidad social que la sociedad perciba la lucha contra la violencia doméstica como algo propio de las mujeres o de sus asociaciones.

Yo también lucho contra la violencia domestica. Lo hago porque siento la democracia y amo la libertad y la justicia, aunque no milite en ningún asociación. Lo hago porque me siento progresista, si por progresismo se entiende la ruptura con clichés provenientes del pasado, aunque para ello no necesite de ningún adjetivo. Lo hago, asimismo, como conocedor del derecho y la ley, aunque no sea socio de ninguna asociación de juristas. Lo hago, luchar contra la violencia de género, desde la calle, desde la individualidad o privacidad, aunque para ello deba, en ocasiones, vencer la resistencia de lo público -algunos organismos oficiales se autoproclaman “únicos valedores de la lucha contra la violencia de género-.

Y digo todo esto porque no me gustan los radicalismos, porque no me gustan “los monopolios”, porque me gusta la libertad, sobre todo la libertad para las mujeres lejos del infierno de unas cadenas machistas que le aherrojan.