LA LUZ, DESPUÉS DE VERMEER

Las dos exposiciones que han marcado el verano 2001, y de hecho todo el año, han sido sin duda la de Caravaggio y el genio de Roma en el palacio Venecia de la capital de Italia y la de Vermeer y la escuela de Delft en la National Gallery de Londres, tan bien desmenuzada por Alicia Cámara y Cristina Morilla en el número de Julio de Descubrir el Arte. Ahora, una vez restituida la obra de estos dos colosos de la pintura del siglo XVII a sus respectivos destinos, queda en pié la pregunta de los aficionados de los descubridores del arte. ¿Dónde encontrar esa luz? ¿Cuál ha sido el sabor, la esencia de este espléndido repaso propuesto?

No es mala herramienta internet para ayudar a quien sabe lo que desea. Si queremos descifrar el testamento de la luz a través de Caravaggio y Vermeer veremos en los sitios recomendados cómo estos dos maestros, de cronología prácticamente sucesiva, son el mejor testimonio de la luz en sus extremos: luz que desgarra un lienzo estremeciendo el sentimiento de sinceridad plástica de quien lo contempla (Michelangelo da Merisi, llamado El Caravaggio 1573- 1623) y luz que se filtra desde la ventana, magistralmente domesticada en Johannes Vermeer (1632-1675).

La luz de Caravaggio en La incredulidad de Santo Tomás, es luz cortante, como bisturí que rasga el lienzo al servicio de la sinceridad y de la verdad. Tomás no toca; atraviesa la herida y atraviesa el lienzo con su dedo (como ocurre con los desgarros del Aguador de Sevilla de Velázquez y el San Sebastián de Ribera, muestras singulares de la profunda compenetración de la pintura española con el testamento de Caravaggio).

Por el contrario en la pintura de Delft, y muy particularmente con Juan Van der Meer o Vermeer, el milagro de la luz es precisamente el contrario. El de su domesticación, su refinamiento, su acogimiento como invitada permanente en propia casa, a la que finalmente se le extraen todos los acordes de su deliciosa variedad, devolviendo el artista su indudable preferencia por las longitudes de onda que se corresponden al amarillo limón (y para nada los tonos de cálida luz dorada o rojiza de su compatriota Pieter de Hoogh).

De hecho Vermeer pinta siempre el mismo cuadro: su habitación, con el suelo a cuadros, con la cortina interpuesta, con la ventana de vidrio emplomado a la izquierda a un metro y medio del suelo y con una mesa sobre la que la figura protagonista desarrolla su actividad. Hasta la Alegoría del Nuevo Testamento (Museo Boymans, Rótterdam) es una señora sentada en la habitación, con el mismo suelo, la misma ventana, la misma escena.

Vermer y la propia ciudad de Delft (que mantiene hoy esencialmente igual su centro antiguo) son como el paradigma de la revolución de Holanda en la vida europea. Es la revolución producida por la vida doméstica. El concepto de vida en piso, procede prácticamente de ahí. Es la respuesta domesticada a las necesidades del medio. Un país superpoblado y sin territorio -a menos que se le gane al mar, palmo a palmo- desarrolla la vida confortable en estructura vertical. Un país al que la confrontación religiosa y política ha partido en dos (el propio Vermeer nace protestante y se convierte en católico para casarse), y que por puritanismo anti-barroco ya no tiene majestuosos encargos de pinturas gigantescas (como las de Rubens), sino que ha de acomodarse imperativamente al pequeño formato del retrato, de los bodegones y del paisaje. Consecuente con esta realidad y aceptando -quizás como un reto- la limitación de lo doméstico, Vermeer consigue el milagro de pintar obras magistrales sin salir del reducido espacio de su estudio. El arte de la pintura (Viena Kunsthistorisches Museum) es el paradigma y resumen de todo Vermeer en una sola pieza, con el pintor "leyendo" todas la matizaciones de la luz sobre el gran Arte de la Pintura, que es azul.

Devuelta ya a sus respectivos poseedores en Europa y América (ver mapa) una obra tan escasa como dispersa, es ahora internet nuestra mejor herramienta de enlace para el arte para entrar en estos grandes maestros. Y la pantalla del ordenador nos permite apreciar que en la fresca claridad de Vermeer ningún contraste es excesivo, e incluso se percibe la forma en que la luz, inefable, logra raras y sutiles tintas en el azul y en el amarillento verde limón. Para Caravaggio la luz es la cuchillada sincera que hiere el cuadro y nos salpica. La luz, después de Vermeer, es, mas que nunca, la luz elegida y domesticada, amiga de nuestra intimidad.



La luz de dos maestros (Caravaggio/Vermeer) en la Red

*Las exposiciones:

-. Caravaggio, el genio de Roma: www.caravaggiogeniodiroma.it/

-. National Gallery: Vermeer and the Delft School:http://www.nationalgallery.org.uk/exhibitions/vermeer/default.htm

*Las pruebas:

-. La incredulidad de Santo Tomás : http://www.culturageneral.net/pintura/cuadros/carstomas.htm

-.La lechera: :http://www.culturageneral.net/pintura/cuadros/velecher.htm

*Vermeer en conjunto:

-. Resumen en miniatura (thumbnails):http://www.cacr.caltech.edu/~roy/vermeer/thumb.html

-. Todo Vermeer: :http://www.cacr.caltech.edu/~roy/vermeer/


José Manuel Gironés
giro@union-web.com