CARMEN THYSSEN Y LAS RIADAS
De la intención en el arte
Sin
el barco, el mar sería una entelequia.
Sin el propósito de cruzarlo, de entenderlo, de dominarlo el
mar sería solo una inmensa barrera difícil de comprender.
Sin propósito, la vida es una entelequia, un inmenso obstáculo
difícil de atravesar.
Sin la intención, el arte ya no es Arte. Por eso profiero una
paloma mal pintada por Picasso -o bien pintada por Fra Angélico-que una paloma de verdad con sus plumas y todo. Porque
tienen su intención. Algunos dicen que lo único aprovechable de las palomas es su blancura, y yo sé que sin plumas y en la
cazuela dan también mucho de sí, pero aparte su terca cazurrería en arruinar monumentos al aire libre, las palomas, como los
restantes animalillos hermanos nuestros y de San Francisco, no tienen la más mínima idea de sí mismos.
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Esta disquisición viene a cuento de un asunto de gran actualidad
como es la exposición de los cuadros impresionistas de la exposición de la Carmen Thyssen-Bornemisza Collectión
(www.union-web.com/carmen-thyssen) y del Encuentro Mundial de las Artes que ha sido convocado para la primera semana
de octubre con el fin de responder a la pregunta ¿se han extraviado las Artes con el cambio de siglo/milenio?
La baronesa Carmen Thyssen-Bornemisza es una señora de las que,
cuando te pasa por delante, hay que quitarse el sombrero por varias razones. (Una de ellas es que un caballero siempre debe
destocarse al paso próximo de una dama). Carmen Thyssen-Bornemisza -nèe Cervera- una de las principales y más populares
personalidades de España, Europa y América del Norte, heredó de su padre la afición a la pintura catalana, y ha convertido
su vida en ejemplo admirable de buen sentido y de propósito certero. Algunos pensarán que con dinero baila el can y por pan
si se lo dan, pero eso vuelve a ser simpleza franciscana, porque con dinero se pueden hacer muchas tonterías, y ella no ha
hecho ninguna. Lo que ella hizo fue fijar como propósito de su vida el rumbo ya marcado por su familia de origen y por su
nueva familia (August, Heinrich y Hans Heinrich Thyssen) y poner en manos de esa cabeza bien amueblada que se llama Tomás
Llorens, la configuración de una colección de arte que continuara la de la célebre dinastía, donde aquella se quedó.
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El gozo indecible de visitar en el nuevo museo del Siglo XIX de
Valencia una buena parte de la colección de Carmen Thyssen (De Corot a Monet) alimenta la esperanza de que la convocatoria
del Encuentro Mundial de las Artes que el propio Tomás Llorens, Francisco Jarauta, Vidal-Beneyto, A. Oliver y otros
teóricos han lanzado, tendrá una respuesta esperanzadora y positiva ya que la inteligencia y la sensibilidad siguen siendo
el barco necesario y suficiente para la travesía de este extenso mar del Arte globalizado.
Corot, Coubert, Frieseke, van Gogh, Homer, Israëls, Metcalf,
Monet, Pissarro, Renoir, Robinson, Sargent y Toulouse-Lautrec están entre los extranjeros y Casas, Fortuny, de Haes,
Madrazo, Martí Alsina, Martinez Cubells, Mir, Nonell, Pérez Villaamil, Pinazo, Cecilio Pla, Sorolla y Dario de Regoyos,
entre los españoles, pero solo me referiré al punto de coincidencia y al desencuentro entro dos manos y un mismo asunto:
las riadas en Alfred Sisley (París 1839-Moret sur Loing 1899) y en Antonio Muñoz Degraín (Valencia, 1840- Málaga 1924).
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Sisley participó de lleno en el propósito colectivo, en la
intención, de que el arte saliera de los estudios para tomar los matices de la luz y las impresiones del natural que
volverían célebres a los "impresionistas".
Desde la Impresión al amanecer sobre el puerto de
El Havre de Claudio Monet en 1872 (impresionante El puente de Charing Cross de Monet que exhibe la Colección Carmen Thyssen) el mundo
entero reconoce el tipo de pintura que llamamos "impresionista" y que hizo de Paris el centro artístico del Mundo. Los
pintores del color al aire libre, Manet, Monet, Renoir y Sisley estaban fascinados por las flexiones de la luz a la
intemperie en las orillas del Sena entre Argenteuil y Port Marley y aprovecharon la iniciativa de Edouard Monet de montar
un estudio flotante en el exterior de una barca. Desde ella pintó Sisley probablemente las escenas de la fonda Nicolas en
Port Marley una de cuyas riadas (la de septiembre de 1876) luce la colección de Carmen Thyssen.
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Sysley pintaba con intención, a propósito para mostrar que la
filosofía de captar los instantes con la luz al natural del aire libre, valía también para escenas de oscuras nubes y
revueltas aguas. Pero con ser claramente impresionista no se aparta del paisajismo heredado del ingles John Constable cuyo
barrizal en El carro de heno parece haberle prestado.
En fechas similares otro pintor, el español Antonio Muñoz Degraín
, pintó las avenidas del Túria y del Segura, aportando una personalísima respuesta a su intención o propósito: el de vincular
paisaje e historia, desde una wagneriana visión de los colores y con un conmovedor resultado como muestran la
"Inundación" en Murcia y "Amor de Madre" en Valencia o la impagable "Marina de la bahia
de Palma" de la colección Carmen Thyssen que domestica y vuelve plácidas la exageradas tonalidades de un mar literalmente convertido en el "vinoso ponto" de resonancias
homéricas. Nada mas lejos hoy de una entelequia que ese Mediterráneo.