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Desnudo, como vino al mundo, Carlos era ya, en ese mismo momento, un símbolo para las genealogías de su tiempo, y desnudo o vestido –que en ambas modalidades lo esculpe Leone Leoni para el grupo Carlos V y el Furor- Carlos V es hoy un símbolo nítido de lo que varias veces pudo ser Europa y sólo en época contemporánea parece camino de conseguirse
Asumió su papel con toda la energía de un príncipe borgoñón, aún guiado por los ideales caballerescos que llevaron a batirse en duelo y a librar las batallas físicamente al frente de sus tropas, como hicieran Alejandro Magno, Aníbal o Julio Cesar, pero hizo de su vida una empresa de constante reflexión y diálogo, hasta el punto de que la fortaleza física fue mutando en tenacidad para la templanza –de la razón política, no de la mesa ni de las mujeres, por cierto- y, tras las sucesivas abdicaciones, ya en el retiro de Yuste, su mensaje para Europa fue: "Que quiero paz. Que se haga paz. Que se quiera paz" Como señala en su breve y magnífico estudio Fernand Braudel, Carlos V no fue prisionero de una idea imperial ni de una política pre-definida e impuesta. Tuvo que leer sobre el terreno las realidades y comprendió la esencia de las divergencias. "El emperador no jugó nunca como quería, hubo de escuchar a sus consejeros, fue preciso que tuviera en cuenta el valor de las piezas, de las casillas, de las tradiciones de juego del adversario" (Braudel). Por las armas tuvo que doblegar sus propios dominios las mas de las veces –Villalar y los Comuneros, Alcira, Valencia y Xátiva en las Germanías- pero entendió la necesidad de sentirse ciudadano de todas partes y en esa enseñanza educó a su hijo. Después, ya para la vida privada, establecería sus preferencias en el retiro profundo en Yuste, y hasta en el uso de las lenguas que además del latín empleaba: "francés para la diplomacia, italiano para las mujeres, castellano para hablar con Dios y alemán para hablar con el caballo"
El encuentro de Carlos V con Lutero en el Reichtag de Worms el 18 de abril de 1521 resulta memorable. La búsqueda de una salida mediante la revisión de posturas y el diálogo, colocaría hoy al emperador en una posición mucho más airosa que la cerril intransigencia entonces sostenida desde Roma por el Papa. Los luteranos se indignan de las concesiones en cadena que a lo largo de los años (hasta el Reichtag o Dieta de Augsburgo, en 1530) va alcanzando el emperador. En el ínterin de Augsburgo dos obispos católicos del emeprador y el protestante del elector de Brandenburgo llegan al acercamiento: se aceptan los siete sacramentos, la continuidad de la jerarquía episcopal, el matrimonio de los sacerdotes, la comunión de las dos especies y la misa como acción de gracias. En concilio general en Bolonia y Trento se fijará la doctrina. Pero el papa Paulo III, que acepta de boquilla, le dice claramente a Carlos V "No fue a Cesar, fue a San Pedro a quien Cristo dijo: tu eres Pedro y sobre esta piedra construiré mi Iglesia" Pero detrás de cada postura siempre hay un poso final de intransigencia y por eso la claridad literal del rompimiento es igualmente llamativa: "Mi conciencia está cautiva en las palabras de Dios –dice Lutero-. No puedo ya revocar nada, porque actuar contra conciencia no deja de ser peligroso ni es honesto.. ¿Qué Dios me ayude! Amén" "Estoy decido dice el emperador- a comprometer mis reinos y mis posesiones, mis amigos, mi cuerpo, mi sangre, mi vida y mi alma, porque sería una vergüenza para nosotros y para vosotros, miembros de la noble nación germánica, si, en vuestro tiempo, y por negligencia vuestra, penetrara en el corazón de los hombres la única apariencia de herejía, de error, cometida por mil años o mas en la religión cristiana" La confrontación dura todo el reinado, y se saldará en 1547 con la batalla de Mühlberg en la que, aprovechando las nieblas matutinas sobre el río Elba, las tropas mandadas directamente por el emperador, en estampa inmortalizada en el espléndido cuadro de Tiziano, infligen la derrota definitiva a los príncipes luteranos de Alemania.
El padre trasmitió al hijo un aplomo y un sentido del Estado que son bien conocidos, y un sentido de destino común para Europa y para la Cristiandad que marcaría todo el siglo siguiente gobernado por la casa de Austria. Y le enseñó que "es más fácil triunfar completamente sobre los príncipes que sobre los pueblos" y le enseñó, detalle menos conocido, a amar con intensidad los libros hermosos. El fundamento de la colección irrepetible de códices y libros iluminados de la Biblioteca del Escorial, tiene su origen en esta transmisión heredada de sus abuelos, por Fernando el Católico, la colección napolitana de Alfonso el Magnánimo y por su abuela María de Borgoña, la colección de Carlos el Temerario. El libro de horas de Isabel la Católica llamado de las tres reinas, porque fue de la madre, de la esposa y de la hija de Fernando el Católico (Juana Enríquez, Isabel la Católica y Juana la Loca), el propio Libro de horas de Carlos V, el Libro de horas de Felipe el Hermoso, que hoy conserva en Valencia el Colegio del Patriarca, son obras excepcionales. Lo son también las tres gigantes Genealogías de Carlos V o las maravillosas escenas del "Aguila muy triumphante y no vencida" grabadas por Maarten van Heemskerk y pintadas por Julio Clovio por encargo de Felipe II para celebrar las victorias del gran Cesar, su padre. Mientras estos libros o las estatuas de Leone Leoni se ultimaban (están en El Prado y son de las mejores del Renacimiento) el emperador Carlos estaba en Yuste despegado de las cosas de este mundo, ensayando sus propias exequias "Tanto vale llevar el cirio delante de un hombre que detrás de él". Y fuera de honores y regalos nada hay mas hermoso en su final que la despedida "ojalá tengáis un hijo que merezca que le tendáis el cetro con tanta alegría como yo lo hago con vos" | |||
| José Manuel Gironés info@union-web.com |