CARAVAGGIO EN MALTA


La experiencia del Arte se nutre de la emoción interna. Y los recursos multimedia, tan abiertos al destello y a la dispersión, pueden, a veces, ser conducidos, con éxito, en sentido contrario: hacia la emoción.

En internet se nos brindan, ahora mismo, mas de ocho mil sitios o páginas en las que se trata directamente del Caravaggio, y casi el doble en que se le alude. Por solo citar algunos de los conocidos, merece la pena el webmuseum de París la caravaggio-room de Uffizi el ocaiw o las páginas de Carol L. Garten que están rebotadas en diversos paises por ejemplo y tantas otras como encontrará con solo asomarse a los buscadores (Yahoo, Altavista etc)

Pero nuestro consejo es no ir hacia demasiados sitios a la vez. Sino, solo a uno y que de verdad valga la pena. Por ejemplo, al magnífico Oratorio de San Juan en Malta donde acaba de ser devuelta (después de dos años de cuidados en Florencia y transportada con todos los honores por un buque de la armada italiana) la obra maestra del Caravaggio "La degollación de San Juan Bautista" que fue pintada en este mismo lugar en 1608.



El Oratorio es como el sancta-sanctorum de una catedral insólita por su riqueza (bronces, terciopelos, marmoles y piedras duras) acumuladas por la Orden de los Caballeros (una ONG paneuropea que brilló varios siglos) en una ciudad insólita, que, como los dedos de la mano, son cinco en una (Valeta, Conspicua, Victoriosa, Senglea y Sliema) formando el puerto natural fortificado más grande del mundo, en una pequeña isla situada, exactamente, en el centro del Mediterráneo. O sea, irrepetible.

Mientras llega la oportunidad de ir allí, le recomiendo bajarse la página. –a pantalla completa, opción ver- y levantarse a cerrar la luz de la habitación, para volver lentamente hacia el ordenador, hasta meterse en la escena.

Una extraña claridad golpea las figuras dejando en completa penumbra la mayor parte del lienzo. Seres vulgares y siniestros de un presidio, adquieren la tensión plena de la tragedia heróica, a la griega. Con razón se ha dicho que es Caravaggio como el Shakespeare de la pintura. El más grande pintor dramático del siglo XVII, rebelde, original e inflexible en su determinación de someter la pintura al imperio de la verdad, antes que al de la belleza, como querían los manieristas y post-rafaelistas.

El brazo del verdugo lanza luz perpendicular sobre la cabeza ya muerta del Bautista. El manto rojo es ajeno y tapa la humilde piel de cordero de San Juan. Y está ahí para resonar la roja, paralela, sangre del cuello, casi parda, coagulada En esa sangre, y como escrita con un dedo, puede leerse la firma del autor: Michelangelo (...Merisi da Caravaggio).

San Juan muere por no saber callar ante el escándalo de Herodes; por reprenderle. Y en esa sangre, el rebelde pintor de la sinceridad, moja su dedo. Era el año 1608 y su llegada a Malta la de un prófugo, joven y ya famosísimo pintor; bronco, violento, incapaz de doblegarse, que en 1601 había asestado una cuchillada al capitán del castel Sant’Angelo, Flavio Canonico, en 1604 herido a un mozo de hostería y apedreado a la policia de Roma y en 1606, muerto en duelo a un joven de Terni, que a su vez le dejó malherido.

La hospitalidad de los Caballeros de Malta le dio un respiro y tiempo para la reflexión, mientras pintaba el retrato del gran maestre Alof de Wignancourt y la degollación de San Juan en el Oratorio.

Vuelto a Italia en 1610, pasa por Siracusa, Mesina y Nápoles, donde vuelve a ser herido en una de sus ínfimas tabernas por encararse a unos aventureros. Sale por mar hacia Ostia pero en una escala pierde barco y equipaje, y tratando de continuar a pie, agobiado por las heridas, el hambre y el cansancio, muere a los 37 años el 18 de julio de 1610.

Es de creer –dice Gaya Nuño- que ningún gran artista haya conocido final tan desastroso, tan lamentable y tan en colisión con la calidad y belleza de su trabajo.

 

José Manuel Gironés
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