
|
|
DIERICK BOUTS OJOS DEL HERMANO ETERNO
Bouts, uno de los nombres capitales -a pesar de sus contadas obras- de la revolución de la pintura flamenca iniciada por los Van Eyck, fue sin duda el pintor favorito de la Reina Isabel la Católica. Formada en el gusto refinado de la miniatura de Borgoña y Flandes, sus rezos cotidianos corrieron sobre el Libro de Horas regalado por su esposo Fernando el Católico que lo había recibido de su madre, Johanna Enriquez, y que a su vez heredaría su hija , Juana la Loca, por lo que ese libro, más bello de España y el más célebre de la biblioteca de Palacio es también conocido como el Libro de las tres reinas. Ese libro que salpica el latín y el catalán (en el folio 22 dice "Com començaras a entrar per la esglesia dirás com se segueix") es el eslabón de Isabel y Fernando con el arte de Flandes, y quizás origina el propósito de llevar a la Capilla Real de Granada al adusto y delicado arte de Dierick Bouts que "según las pruebas" fijaría, con los demás autores de la llamada aurora del realismo: Van Eyck, de la Flemale, van der Weyden, Patinier, Gerard David, Petrus Chrstus, nuestro modo de imaginar a Jesús de Nazaret.
¿Y cuales eran esas pruebas? Pues el testimonio publicado en los primeros incunables (Colonia, 1474, Nuremberg 1491) que
reproducían la llamada Introducción de San Anselmo (monje italiano y obispo de Canterbury en el siglo XII) quien atribuye al
predecesor de Poncio Pilatos, Publio Léntulo, gobernador de Judea, la siguiente literal descripción ante el Senado de Roma
de un "agitador galileo":
Lástima que Publio Léntulo en realidad nunca hubiera existido, porque la plasmación de Bouts es insuperable. La gens Cornelia es una de las más gloriosas familias de la antigua Roma y produjo 43 personajes célebres llamados Léntulo, algunos de los cuales hicieron su carrera en Hispania. Pero nunca existió uno que fuera gobernador en Judea, ni que hiciera tan lograda descripción al Senado de un "agitador galileo". Las imágenes de Cristo en las catacumbas son las de un "buen pastor" genérico. En la de Santa Domitila es un "grafitti" no diferenciable de los demás apóstoles.
El Autorretrato del San Pio V de Valencia y las Meninas del Prado son obras del momento de
madurez y plenitud total de Velzaquez (1650 y 1656) y han sido concebidos por la misma mente y el mismo espíritu. Y para
llegarles al fondo habria que verlos uno tras otro –cosa que nos permite admirablemente el ordenador y el cd-rom como
herramienta macroscópica- para descubrir que la lección completa de Las Meninas, luz y sombra, color y
textura, frente y dorso, imagen real y reflejada, está toda ella contenida en la portentosa mirada del Autorretrato de
Valencia que nos dice con toda claridad "comprendo que tu inteligencia comprende que es mi inteligencia quien le
habla". Es decir, la misma lección completa de comunicación y sentido, solo que sin necesidad de los argumentos
tangibles.
El Giotto, Fra Angélico, Perugino o Rafael, y los demás grandes maestros del despertar italiano, respetan el primitivismo
de la tradición griega bizantina. Por ello podemos decir que la aplicación del "descubrimiento de San Anselmo" es
patrimonio exclusivo de Bouts y sus compatriotas flamencos.
La Madraza, el Corral del Carbón y la Alcaicería, aún son moros en la Granada de hoy. Y merecen la visita admirada de la cultura cristiana, que no debería agotarse en la indecible Alhambra. Igualmente son cada vez más numerosos los musulmanes que nos visitan o se instalan entre nosotros. Y también ellos deberían conocer cuanto contiene la Capilla Real de los cristianos, y dentro –entre tantas bellas cosas- deberían asomarse "con ojos recién estrenados de morisco" ante el gran triptico de la Resurrección y la "Vera effigies" de Dierick (Thierry) Bouts.
|
Bibliografía de la Library of Congress: www.mala.bc.ca/~mcneil/cit/citlcbouts.htm
Museo Calouste Gulbenkian:www.gulbenkian.pt/museu/27.html
Alte Pinakothek:www.museen-in-bayern.de/Muenchen-AltePinakothek.htm
