DIERICK BOUTS

OJOS DEL HERMANO ETERNO


"Este es el hombre. Tenemos las pruebas". Así dirían en el siglo XV, con lenguaje periodístico de hoy, los que se acercaran a la "Vera effigies" pintada por Dierick Bouts. Eso dirían los moros de Granada, obligados por la fuerza a cristianarse, si entraran ahora mismo en internet y se pusieran frente al sobrio, enigmático retrato del Christus Salvator Mundi, que conserva Granada donde antes estuvo la mezquita mayor.
Granada es el gran choque, la gran maravilla de dos mundos. La Alhambra y la Capilla Real. Bajando de la Alhambra y o del Albayzin, esencial -como hicimos en el anterior número de Descubrir el Arte-, los hijos de los últimos reyes lloradores y de los creyentes nazaríes, habrían llegado a la gran mezquita, y ahora tenían la Capilla Real. En algún momento debieron enfrentarse allí a los ojos del Cristo de los cristianos. A pesar de las capitulaciones no les cabía duda de que pronto o tarde les aguardaba la pila bautismal. ¿Cómo no iban a tener curiosidad respecto al "verdadero rostro" del Dios de los Cristianos quienes habían tenido por blasfémia la icononografía del Misericordioso?.

Bouts, uno de los nombres capitales -a pesar de sus contadas obras- de la revolución de la pintura flamenca iniciada por los Van Eyck, fue sin duda el pintor favorito de la Reina Isabel la Católica. Formada en el gusto refinado de la miniatura de Borgoña y Flandes, sus rezos cotidianos corrieron sobre el Libro de Horas regalado por su esposo Fernando el Católico que lo había recibido de su madre, Johanna Enriquez, y que a su vez heredaría su hija , Juana la Loca, por lo que ese libro, más bello de España y el más célebre de la biblioteca de Palacio es también conocido como el Libro de las tres reinas. Ese libro que salpica el latín y el catalán (en el folio 22 dice "Com començaras a entrar per la esglesia dirás com se segueix") es el eslabón de Isabel y Fernando con el arte de Flandes, y quizás origina el propósito de llevar a la Capilla Real de Granada al adusto y delicado arte de Dierick Bouts que "según las pruebas" fijaría, con los demás autores de la llamada aurora del realismo: Van Eyck, de la Flemale, van der Weyden, Patinier, Gerard David, Petrus Chrstus, nuestro modo de imaginar a Jesús de Nazaret.

¿Y cuales eran esas pruebas? Pues el testimonio publicado en los primeros incunables (Colonia, 1474, Nuremberg 1491) que reproducían la llamada Introducción de San Anselmo (monje italiano y obispo de Canterbury en el siglo XII) quien atribuye al predecesor de Poncio Pilatos, Publio Léntulo, gobernador de Judea, la siguiente literal descripción ante el Senado de Roma de un "agitador galileo":
"Alto y de porte majestuoso. Con pelo brillante y separado por una raya en medio como es costumbre entre los Nazarenos. Su frente serena y su rostro, que inspira a la vez respeto amor y temor, no presenta arruga ni mácula alguna. Con barba rojiza no muy larga y bífida en sus puntas. Los ojos gris azulados... el más hermoso de los hijos de los hombres".

Lástima que Publio Léntulo en realidad nunca hubiera existido, porque la plasmación de Bouts es insuperable. La gens Cornelia es una de las más gloriosas familias de la antigua Roma y produjo 43 personajes célebres llamados Léntulo, algunos de los cuales hicieron su carrera en Hispania. Pero nunca existió uno que fuera gobernador en Judea, ni que hiciera tan lograda descripción al Senado de un "agitador galileo". Las imágenes de Cristo en las catacumbas son las de un "buen pastor" genérico. En la de Santa Domitila es un "grafitti" no diferenciable de los demás apóstoles.

El Autorretrato del San Pio V de Valencia y las Meninas del Prado son obras del momento de madurez y plenitud total de Velzaquez (1650 y 1656) y han sido concebidos por la misma mente y el mismo espíritu. Y para llegarles al fondo habria que verlos uno tras otro –cosa que nos permite admirablemente el ordenador y el cd-rom como herramienta macroscópica- para descubrir que la lección completa de Las Meninas, luz y sombra, color y textura, frente y dorso, imagen real y reflejada, está toda ella contenida en la portentosa mirada del Autorretrato de Valencia que nos dice con toda claridad "comprendo que tu inteligencia comprende que es mi inteligencia quien le habla". Es decir, la misma lección completa de comunicación y sentido, solo que sin necesidad de los argumentos tangibles.
El emperador Septimio Severo poseía en su colección de hombres célebres un busto de Cristo, pero nunca fue encontrado. Y cuando San Anselmo imagina, o trascribe quien sabe de dónde, su idealizada descripción, sólo la iglesia griega, en el imperio de Bizancio, tenía inmovilizada una visión procedente de los mosaicos de Ravena.

El Giotto, Fra Angélico, Perugino o Rafael, y los demás grandes maestros del despertar italiano, respetan el primitivismo de la tradición griega bizantina. Por ello podemos decir que la aplicación del "descubrimiento de San Anselmo" es patrimonio exclusivo de Bouts y sus compatriotas flamencos.
Fue la Reina Católica, Isabel, la que trajo el gusto de Flandes y la visión de Bouts sobre la "Santa Faz" o "Vera effigie". El propio autor (el de Rotterdam y el de Granada) su hijo Albert Bouts y otros seguidores hicieron réplicas del modelo "Léntulo". Aún en el presente se localizan en conventos y ámbitos religiosos, copias del rostro del Christus Salvator Mundi réplica o imitación de Bouts (algunos casi coetáneos) y serán luego los valencianos, Vicente Masip y su hijo Joan de Joanes, quienes consoliden con sus Salvadores (rubios o morenos) una imagen de Jesucristo que ha llenado la religiosidad y el gusto de los creyentes hasta las estampas de nuestros dias.

La Madraza, el Corral del Carbón y la Alcaicería, aún son moros en la Granada de hoy. Y merecen la visita admirada de la cultura cristiana, que no debería agotarse en la indecible Alhambra. Igualmente son cada vez más numerosos los musulmanes que nos visitan o se instalan entre nosotros. Y también ellos deberían conocer cuanto contiene la Capilla Real de los cristianos, y dentro –entre tantas bellas cosas- deberían asomarse "con ojos recién estrenados de morisco" ante el gran triptico de la Resurrección y la "Vera effigies" de Dierick (Thierry) Bouts.


José Manuel Gironés
info@union-web.com





Dierick Bouts en la Red:



Bibliografía de la Library of Congress: www.mala.bc.ca/~mcneil/cit/citlcbouts.htm



Museo Calouste Gulbenkian:www.gulbenkian.pt/museu/27.html



Alte Pinakothek:www.museen-in-bayern.de/Muenchen-AltePinakothek.htm